La Gran Noche

A veces, el alma se apaga para siempre.

Ella no sabía lo que planeaban

Sentía una energía rara y espesa.

Desde hacía muchos años, usaba una forma para evitar esas descargas. Ir al mar o al monte. Ese día me decidí por el monte. Las playas en esa época eran un hervidero de gente… Me apetecía soledad y conexión con la madre naturaleza.

En aquel rincón bello del norte de Galicia respiré… Respiré esa mezcla de olores a mar, eucalipto… pura magia para mi olfato hiper sensitivo.

Me descalcé. Pisé la hierba verde y abundante. Tras sentirla bien en mis pies, me senté sobre ella. En posición de Loto.

Fui trasladara más rápido que nunca.

Allatu estaba meciendo a su primogénita: Zaña.

Zaña era un bebé de apenas un mes de vida y Allatu la adoraba. No por ser fruto del gran amor que procesaba a su querido esposo: Kingu… Si no, porque era una hermosa niña de piel rosa, con ojos inmensos y negros que todavía no veían muy bien y de temperamento tranquilo. Apenas lloraba. Comía y dormía. Ella no daba su pecho, no era lo correcto. Eso lo hacía la esclava que había traído su esposo.

Allatu no estaba de acuerdo con cómo se trataba a las mujeres. Su esposo era un escriba estudiante de la Eduba y tenían largas charlas sobre cómo se había deteriorado el trato a las mujeres, sus derechos y libertades con el paso de los siglos. Él la escuchaba y apoyaba sus ideas. Pero… Desde hacía un tiempo ya no la quería escuchar. Le decía que no podía permitirse flaquear y que, si las cosas eran así, eran así y punto.

Estaba dando su pequeño pecho a Zaña cuando sintió la voz de Kingu.

Rápidamente se colocó la túnica y posó a Zaña sobre el serón.

Salió al encuentro de su esposo. Estaba en el patio central hablando con los esclavos.

— ¡Me han escogido para la gran noche, amada esposa…! —Gritaba mientras la upaba — Es un privilegio que mi tío Habumabi la escoja.

«La gran noche».

Hacía tiempo que Allatu escuchaba que esa «gran noche»; algo grande iba a suceder. Sin embargo, nadie le contaba nada.

Su esposo había empezado a cambiar su actitud desde que los «de arriba», organizaban un gran evento para esa noche.

La casa elegida fue la de él. La de Kingu. Sobrino por parte de madre del Rey de Babilonia, Habumabi.

Su esposa Allatu, tenía que vestir con las telas más caras de todo Oriente Medio. La niña de apenas un mes, tenía que estar dormida. En ayunas. Nueve días antes, Kingu la llevo al Zigurat. Debía pasar la novena lo más cerca posible de los Dioses.

La separación destrozó el alma de Allatu. No comía, no bebía… Solamente lloraba y dormía cuando quedaba agotada. Fueron nueve días. Nueve días de dolor y sufrimiento. No podía dejar de pensar en su dulce y hermosa Zaña.

Llegó la gran noche. Allatu fue vestida y maquillada como una Diosa. Su marido la admiró. Era la mujer más bella de toda Babilonia y la más fértil. Tendría muchos hijos con ella.

La habitación central de la vivienda estaba llena de gente. Todos con túnicas negras y la cara tapada. No se podía saber quién era quién. Una única diferencia: alguien que vestía una túnica roja.

Kingu también vestía una túnica negra.

El hombre de la túnica roja, tenía una voz potente y aguda e indicó a todos que comenzaban.

De repente se escuchó el llanto de un niño y Allatu se dirigió corriendo hacia él… Alguien la asió fuertemente y le tapó la boca.

Vio una figura de negro acercarse al altar de piedra, donde aguardaba el misterioso hombre de la túnica roja. Colocó al bebé sobre el altar. Comenzaron cánticos en un idioma mucho más antiguo… Un idioma que pocos conocían.

El hombre de la túnica roja gritó algo. En ese justo momento la Luna tapó al Sol. El hombre alzó una daga con el mango dorado y…

12 de agosto de 1786 A.C. ella no murió aquel día. Pero su luz se apagó para siempre. Y aún a día de hoy, sigue buscándola.

Volví a la actualidad y, cómo siempre, no me acordaba de qué había vivido allí. Pero mi sensación ahora era diferente. Sentía paz. Sabía que mi camino era llevar la luz a todas las almas perdidas del planeta.

Cuento registrado por María Belén Fernández Vilar el 12 de agosto del 2026

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